lunes, 20 de enero de 2020

DEJA QUE LA VIDA TE SORPRENDA.

Deja que la vida te sorprenda, con un precioso amanecer.
Deja que se abran todas tus ventanas a un precioso paisaje.
Deja que el viento te acaricie, como el tul al terciopelo,
Deja que tus pies contacten con el frío suelo y traspasen la
frontera de lo que es, por lo que parece y lo que puede ser.

Deja que fluya tu cuerpo en un mar de mareas,
Deja que vuelen tus pájaros en un cielo sin fronteras.
Deja de mirarte en un espejo encorsetado, cuélate en el abismo
de lo pluridimensional, viajando sin pasaporte por los límites
de lo desconocido. Gritando en el placer del descubrimiento.

Deja de estar, de ser, de querer para volver a hacer y descubrir,
caminos impensables que parecían no existir en el mundo conocido,
expande tus múltiples conexiones como un cableado multicolor,
que agrande tus perspectivas, que rompa tus barreras, que te haga fluir
a un mundo de miles de entradas y salidas, de cientos de posibilidades, de infinitos puntos de luz que convergen en ti.

miércoles, 15 de enero de 2020

LO MEJOR QUE ME PUDO PASAR.

Lo mejor que me pudo pasar,
ha sido encontrarte en mi camino.
Lo mejor que me pudo pasar,
fue olvidarte y dejarte marchar.
Lo mejor que me pudo pasar,
fue quererte hasta lo cansino,
abrazarte y querer dártelo todo,
sin poder hacerlo.
Me sentí perdido, cuando te dejé,
pero debía caminar, así lo sentí,
pararme sin más y fingir no mirar,
no sentir, no pensar nunca en ti.
Necesitaba encontrar lo que tras
muchos años perdí, desprotegerme
de todo lo que me blindaba y a su vez
aprisionaba, para olvidar quien fui,
dejar de ser yo, para vivir en la desnudez
ver la vida con ojos de aprendiz.
Olvidarme del tiempo y del transcurrir.
Nacer de nuevo desde mi epicentro, 
crecer por dentro, olvidándome de la 
madurez, de los cincuenta, de lo que 
se espera de uno, de esos debes dañinos.
Dejé de luchar contra mi, para aliarme 
con mi nueva identidad, a la que no le 
prometo nada, pues conociéndome ya,
puedo abandonarla sin ningún escrúpulo.






martes, 14 de enero de 2020

LA METAMORFOSIS.

Sentada frente a la ventana, espiando al viento malhumorado de un día nublado de enero, observando las ramas ladearse y las hojas caídas del otoño viejo. Me perdí de mi para descubrirme de nuevo, me dejé en ese bosque perdido en los sueños y crecí de nuevo, abandoné la piel y el resto del verso, ese que escribí sin quererlo, sin ser consciente del camino bello. Restando las posibilidades de este gran universo.
Acepté una nueva creación en un mundo nuevo, lleno de nuevas vistas, paisajes, colores, deseos e intenciones. Dibujé la persona que quise ser, con un trazo firme y seguro, con un corazón rojo perfumado de una mezcla de azahar y regalí negro, con unas manos grandes para abrazarme y quererme, y unos pies de gran talla y peso que dejaran huella y emoción en cada persona que me cruzase que estuviera abierta a la pasión de la vida, a lo positivo, a navegar con rumbo a la libertad.
Quise ser consciente de mis virtudes y mis defectos, le puse una mordaza a la amigdala que me secuestraba con la ansiedad y el miedo. El lóbulo prefrontal dejó de estar aturdido, tomando las riendas de todo, domando a la fiera caprichosa, impulsiva y salvaje que llevaba dentro. 
Entonces se desvaneció el tiempo, sentí el impulso del deseo, la motivación y me alié con la naturaleza y el universo. 
Caminé por encima del agua, volé por los cielos, me perdí en la galaxia, exploré el subsuelo. Supe caminar, queriendo hacerlo. Sabiendo que la lluvia de meteoritos podría aparecer en cualquier momento y sin temer su enfrentamiento.
Me volví una loca entre los cuerdos, entre los debes, entre los quiero, entre los cutres y los recelos. 
Me abandoné a los fluidos del no pensamiento, a una realidad inexistente, a un objetivo potente, a una metamorfosis rebuscada de un interior camuflado en un disfraz, que dejé en ese bosque perdido en los sueños y crecí de nuevo, abandoné la piel y el resto del verso, ese que escribí sin quererlo, sin ser consciente del camino bello. Restando las posibilidades de este gran universo.

viernes, 10 de enero de 2020

LAS QUEJAS.

Las quejas continuas, los suspiros profundos, los ay mi madre, los no lo puedo soportar, los estoy hasta los cojones, los me tiene hasta las narices, los que ganas de vomitar, los que rollo, es lunes, los hijo puta, los tontos y demás insultos, los no llegarás a ninguna parte, los gilipollas, los voy de mal en peor, los no me aguanto a mi mismo/a...
Resta, siempre resta en tu vida, te resta calidad de vida, te resta oportunidades, te resta creatividad, te resta amor, te resta cambios, te resta tolerancia, te resta años de vida ya que te contamina de palabras tóxicas, como dice el libro para niños de Anna Morató, de mayor quiero ser feliz. Te resta de ser feliz. 
Además como los plásticos envenenan a los peces, envenenamos al resto del mundo restando, siempre restando.
Los agradecimientos y no dar todo por hecho, suma. Suma los gracias a la vida, gracias a cada despertar, al sol que amanece, a la lluvia que acontece, al arco iris, a las montañas, a la familia, a la salud, al trabajo, a las oportunidades, a la luz, a ver y oír, a poder andar, a degustar , a disfrutar. Gracias a esos segundos que corren por mis venas, al pasado que me nutre y me da experiencia, al presente que afronto con ilusión, al futuro que aunque no me importa demasiado, ni espero con premura, sé que está ahí de manera inminente y en él guardo mis anhelos, construyó paso a paso con el entusiasmo de disfrutar de lo más preciado la vida.
No quiero fumarme la vida, quiero degustarla como si fuera cada segundo el último bocado de un delicatessen que fuera a disfrutar mi boca y que su esencia tarde lo más posible en desaparecer en mis pupilas gustativas. 
Disfrutemos de la vida, cada segundo como si fuera cada uno de ellos el primero de nuestro más importante sueño.

miércoles, 8 de enero de 2020

PRIMER DÍA DE CLASE DEL 2020

2020, año par. El año con proporción áurea, apenas ha empezado y no quiero que se acabe.
Me encanta su sonoridad, sus preciosos ceros y esos dos doses arrogantes que pronostican un año lleno de Love, de  caricias, de íntimos abrazos, de locos besos, de amorosos te quiero, de locos encuentros, de miradas chisposas, de maravillosos acercamientos, de ruidosas y sinceras carcajadas, de fluidos momentos, de momentos eureka, de un inconsciente marchar del tiempo, sin poder atrapar el instante, saboreando los segundos e intentarlos pillar sin poder hacerlo. No quiero que se acabe el 2020 y acaba de empezar. Este año es tan bello, tan bonito, tan redondeado, tan perfecto, tan lleno de curvas y desfiladeros. Un año con  vistas, lleno de vuelos, de aterrizajes y firmes suelos. 
Me encanta el 2020, un año para listos y casi listos, para despistados y atentos, para locos y también cuerdos, para los novatos y los experimentados, para los nerviosos y los pausados, para los divertidos y los malhumorados, para los que siempre repiten todo dos veces e incluso mil cómo los que tenemos hijos o perro que nos ladre. Un año que solo puede flotar por que está lleno de burbujas y globos de helio.
2020, quiero rodearte entre mis manos y acercarte a mi corazón para decirte que atisbo mi sueño entre tus cálidas curvas, escucho silbidos de vientos del sur, piar de pájaros de costa de una mar brava que atiza la piedra y por ella se derrama el agua salada que esculpe la calma anhelada, cuándo surge la necesidad de un nuevo ciclo, un bello ciclo de ilusiones y dulces sueños que se cumplen.

martes, 7 de enero de 2020

ME DEJASTE LA VIDA.

Me dejaste la vida,
Te dejé que me quisieras,
cómo nadie lo había hecho.
Te privé de escapar,
cuándo te lamentabas
por las decepciones.
Me dejaste respirar,
cuándo apenas había aire
para los dos.
Me empujaste a caminar,
sin soltarme con tu voz
sin dejar de mirarme.
Me adivinaste las lágrimas,
cuándo no sabía que afloraban 
cuándo no entendía que pasaba.
Me dejaste enamorarme 
me dejaste amar con absolutismos,
olvidándome de mirarte,
mientras escalaba la montaña,
sabiendo que nunca me dejaste,
de empujar, así como en los primeros pasos.
Me dejaste la vida,
Te dejé que me quisieras,
cómo nadie, lo había hecho.

sábado, 21 de diciembre de 2019

BONITA NAVIDAD.



Por qué no soñar en Navidad?. Soñar todos los días con la luna y las estrellas, disfrutar de vivir de estar de existir. De compartir tu espacio y el aire que respiras, de hacer sentir bien a los que se prestan a ello, a los que lo necesitan, a los que te lo agradecen con una mirada de confianza.
¿Por qué no soñar con una vida de colores vivos y brillantes?. Donde el cielo luzca limpio y aseado, el mar cristalino, lleno de peces diversos. En el que desaparezcan los humos y la contaminación. Donde las personas nos responsabilicemos de él y no marquemos nuestra existencia con la mancha alquitranada del descuido y la grosería.
¿Por qué no soñar con empezar de 0? aprender lo más esencial de la vida. El amor verdadero, ese que sale de las entrañas, es generoso, altruista.
¿Por qué no soñar con abrazar de nuevo, con los regresos y los besos?
¿Por qué no compartir la navidad y cada día de nuestra vida con los que se fueron?. Nos dejaron un espacio libre pero el corazón lleno, se marcharon físicamente pero conviven con y dentro de cada uno,  lo sentimos cuando nos abrimos a ello.
¿Por qué no disfrutar de todo y sonreír a la vida?. No hay mejor regalo que la vida misma, el poder respirar es ya nuestro mayor agradecimiento. 

FELIZ NAVIDAD.